El orgullo de pertenecer a una comunidad de amor y vocación de servicio

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Heidi Ramos

El orgullo de pertenecer a una comunidad de amor y vocación de servicio

Todo comenzó en mi adolescencia, mi fascinación por el mundo de la medicina, y vocación de servicio, fueron dos de las claves que a lo largo del tiempo me fueron acercando a dirigir mis pasos, para mejorar la calidad de vida de mis semejantes.
Mi primer contacto con Vilcabamba, fue lo que me permitió retomar ese primer sueño de mi juventud. Entre mis objetivos personales afloró y creció la idea de cambiar el concepto de vejez desvalida, por un proyecto que apunta en todas sus direcciones a mejorar la calidad de vida de quienes transitan el último tramo de su existencia.

Esa idea fundacional, comenzó a dirigir todos mis pasos para convertir en realidad ese primer sueño. De allí nació este desafío que se convirtió en el motor que me permitió reencontrarme con la vocación desde la cual me reencuentro con mis raíces más profundas. Por esa razón, cuando por primera vez llegué a Vilcabamba, pude comprender en profundidad que más que una nueva tarea laboral, era el principio para asumir un desafío que implicaba entender la vida con dimensión y rostro humano.

Ingresé a trabajar el 1º de julio de 2012, hace ya 8 años. Recuerdo haber pensado en las entrevistas que se me realizaron para ocupar un puesto de enorme responsabilidad, que había llegado a este lugar para quedarme. La razón esencial, es que este compromiso laboral tiene un alto componente humano que lo convierte en algo mucho más grande e importante que una simple tarea remunerada.

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Desde entonces, se generó en mí, un arraigo profundo que cambió en muchas direcciones, todos los contextos de mi vida. Y así fue. Desde mi llegada, muchas cosas han cambiado. Desde aquella primera casa en Carrasco la cual cumplía su primer año de vida, nacieron tres nuevos retoños, y ellas fueron las residencias en Malvin, Punta Gorda y nuestro último vástago, que es la nueva casa inaugurada este año en Almirante Harwood.

Por esta razón, para mí es un orgullo haber sido partícipe de este enorme esfuerzo colectivo por haber formado parte del proceso de selección de cada una de estas casas y asumir además, la enorme responsabilidad de dirigir las obras de mejoramiento de cada una de ellas y de contribuir a su alhajamiento, en la selección y formación de cada uno de los equipos de trabajo, donde se convierten en realidad los sueños y objetivos que constituyen la esencia del servicio profesional y humano que nos distingue desde nuestro nacimiento.

Cada lugar, residente, familia y equipo de trabajo son únicos. No obstante, funcionamos de manera armónica articulándonos en un todo donde cada uno de nosotros importa. Y lo hacemos defendiendo el concepto de unión y compañerismo, como un voto al que nos entregamos día a día. Profesionalizar nuestra tarea ha sido el objetivo que nos hemos trazado, pero sin descuidar a cada integrante de nuestra comunidad que forma parte de esta gran familia, de la cuál hoy me siento orgullosa por ser una pieza más, en esta irrenunciable vocación de amor y servicio por quienes más nos necesitan.

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